Una brillante niña en el Mar de Célebes (Sabah) , Mabul- Malasia. Foto de Julien Lagarde

Una brillante niña en el Mar de Célebes (Sabah) , Mabul- Malasia. Foto de Julien Lagarde

Niña. Mujer.



Quién no conoce o está familiarizado con estos conceptos y términos. A pesar de todo eso en pleno siglo XXI aún seguimos reclamando igual acceso para ellas en lo social, laboral, económico. Y pare ahí de mencionar.

Si eres mujer y estas leyendo esta nota, no te detengas.

Patricia Saucedo se refiere a las estadísticas de Aministía Internacional, quienes establecen que 41 millones de niñas no pueden acceder siquiera a la educación primaria. Y a continuación añade: “Analfabetismo, matrimonio infantil, embarazo adolescente constituyen un círculo vicioso que afecta especialmente a nuestras niñas. En este sentido, América Latina no es inmune a esta problemática global, especialmente en lo referido al embarazo adolescente.”

Educando a una niña, empoderas a una mujer escribe Marita Seara en Voces Visibles. Explica para entender la magnitud de su declaración que 57 millones de niños y niñas hoy día no tienen acceso a la educación. De esos números 31 millones son niñas!

De los datos en la UNESCO y otras ONGs que trabajan por la igualdad de género promoviendo los derechos de las niñas y el impulso para ayudarlas a salir de pobreza y la discriminación, Seara concluye:

– Una de cada cinco niñas en el mundo no tiene acceso a la educación por causas de pobreza, discriminación y violencia.
– Una de cada nueve niñas menores de 15 años es obligada a dejar la escuela y a casarse.
– 150 millones de niñas en el mundo menores de 18 años han sido víctimas de abusos y otros tipos de violencia sexual.

Esto quiere decir que si educamos a nuestras niñas el día de hoy, estaremos echando semilla para darle poder a la mujer del futuro, a sus familias y por tanto a sus comunidades.

Pero acerquémonos un poco más a nuestra comunidad. No a Norteamérica, ni Europa. A Latinoamérica. Aquella comunidad que conocemos mejor. ¿Sabe usted lo que está sucediendo con la mujer que no vive en la ciudad? La misma Patricia Saucedo en Global Voices se lo explica.

Según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Latinoamérica y el Caribe, 58 millones de mujeres viven en zonas rurales y 4 millones y medio son productoras agropecuarias. Es decir son responsables de nuestra seguridad alimentaria. Y no solo nuestra sino del mundo entero. ¿Tengo que escribir algo más? Creo que no.

De acuerdo con la opinión de Raúl Benítez, Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, “el 40% de las mujeres rurales mayores de 15 años no tienen ingresos propios y, más de la mitad de las trabajadoras agrícolas en la región viven por debajo de la línea de la pobreza”. Y lo que es más, a pesar de que el hambre ha disminuido, esto no ha ocurrido entre las mujeres, entre quienes por el contrario se ha elevado.

Huelga decir que conviviendo con hogares machistas, o matrimonios rotos, es necesario empezar desde temprano a capacitar a las niñas en el buen uso de los recursos tecnológicos disponibles y no se conviertan así únicamente en fríos números estadísticos para Facebook.

En el campo y en la ciudad debemos enseñarles a sacar provecho de sus recursos y de lo que aprenden. Y para coincidir con el representante de la FAO, se debe reducir las brechas educacionales y tecnológicas.

Estamos avanzando con la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing Pero necesitamos movernos mejor y más rápido o nuestras futuras generaciones seguirán viviendo igual o peor que nosotros.

Dos datos a considerar

1. Los embarazos precoces se producen mayormente en Venezuela. Este país ostenta el primer lugar en Sudamérica y el tercer lugar en América Latina en este campo.

2. Oaxaca es una de las regiones más pobres de México, pero es ahí donde se fragua el empoderamiento de la mujer indígena mediante las TICs de la mano de Soledad Vanegas.

De qué otras experiencias y proyectos podríamos seguir hablando para empoderar a tu nieta, tu hija, tu sobrina, tu hermana, tu esposa, o quizá hasta vuestra misma madre.