El seductor JPG

Todas las cámaras digitales, sean sofisticadas ultra profesionales o simples súper automáticas, incorporan este formato de archivo para guardar las imágenes.
El por qué de su popularidad radica en varios factores a considerar:

  • Compresión de la información que contiene la imagen.
  • Archivo de poco tamaño.
  • Muy buena relación tamaño-calidad.
  • Portabilidad (facilidad de transporte, fí­sicamente hablando o a través de Internet).

Antes de seguir ahondando, conozcamos un poco más acerca de este formato.


El comúnmente denominado JPG, o más correctamente, JPEG (Joint Photographic Experts Group, nombre del grupo creador de este formato) tiene la gran cualidad de utilizar algoritmos matemáticos para efectuar una compresión de la información, pero con pérdida de la misma. Esto quiere decir que al guardar un archivo con este formato, se va a perder parte de la información contenida en él, de manera que al abrirlo y automáticamente descomprimirse, lo que vamos a ver no es exactamente igual al original. Se ha producido una pérdida de calidad producto de esa compresión.
La buena noticia es que podemos manejar a gusto la cantidad de compresión que se le va a aplicar al archivo al guardarse, pudiendo buscar un buen balance entre tamaño del archivo y calidad de imagen.

 

¿Por qué seduce su utilización?

Primeramente, el poco tamaño de estos archivos hace que podamos guardar una gran cantidad de fotos en las memorias de nuestras cámaras digitales. Esto es especialmente importante debido a que las cámaras actuales cada vez poseen más resolución (más megapixeles) por lo que cada imagen capturada necesita más lugar para ser almacenada.

Por el lado del uso, una de las aplicaciones más difundidas para este formato es, sin duda, Internet. Tanto las páginas Web, como la transferencia de archivos a través de correo electrónico o mensajeros, se ven beneficiadas por el poco tamaño que tienen estos archivos, lo que nos permite visualizarlos en una página o “transportarlos” virtualmente sin estar horas esperando.
Hoy podemos ver miles de Fotologs con millones de fotografí­as al alcance de todos, cuya calidad es más que aceptable para el objetivo propuesto: compartirlas a través del monitor de una computadora.

Ahora, ¿qué pasa si el objetivo es otro, por ejemplo, hacer copias impresas de nuestros JPG? …

 

Compresión para todas las necesidades

Obviamente, al tener pérdida de información y por lo tanto, de calidad, a la hora de hacer copias impresas aparece una limitación en cuanto al tamaño de las copias en relación a la compresión de los archivos. A mayor compresión, menor calidad y cuanto más grande sea la copia en papel, más se va a poner en evidencia esa falta de calidad.
Es por eso que las cámaras profesionales tienen al JPG como un formato secundario e incorporan otros formatos como el RAW o el TIFF los que van a permitir obtener archivos sin compresión y de alta calidad de los que se obtendrán impresiones acordes.

De todos modos, todas las cámaras nos dan a elegir entre distintos grados de compresión (llamándolos, por ejemplo, “Fina”, “Media” y “Baja” refiriéndose a la calidad) lo que nos permitirá adecuar la calidad de la foto según el destino que vayamos a darle, por ejemplo “Fina” para imprimir y “Baja” para un Fotolog de Internet.

Con las resoluciones de hoy, un archivo JPG con baja compresión puede entregar excelentes copias de grandes tamaños.


Imagen de referencia

 


Porción ampliada al 300% con mínima compresión

 


Porción ampliada al 300% con máxima compresión

 

Actualmente la empresa Microsoft está desarrollando un nuevo formato denominado HD Photo que, según ellos, permitiría comprimir más la imagen pero obteniendo mejor calidad. Habrá que verlo.

Para finalizar, la versatilidad del formato JPEG está demostrada y aunque tenga sus limitaciones, para la gran mayorí­a de los usuarios es más que suficiente para satisfacer sus necesidades a la hora de fotografiar.