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Tómese su tiempo, trate de tomar algo de beber y siga leyendo. Le he hecho un cordial llamado.



¿Cree usted realmente que si Steve Jobs y Elon Musk nunca hubieran existido, no habría existido ninguna revolución en los smartphones, o ningún interés en los vehículos eléctricos?

Y entonces cuál es el aporte de otros estudios científicos y sus propios investigadores. Tampoco olvidemos la coyuntura y el aporte de lo que los países del BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, nos tienen que ofrecer.

El problema según Amanda Schaffer, Technology Review es que el adorar a los héroes de la tecnología, distorciona nuestra visión del futuro.

Históricamente la idea que individuos en particular hayan hecho la historia, ha sido desacreditada. Sin embargo la seguimos utilizando en el campo de la tecnología, disminuyendo factores muy importantes para el desarrollo y la innovación.

En un claro ejemplo del tema en discusión están Jobs y Musk. Los dos caracterizados por un altísimo ego personal, el mal trato a sus ingenieros y empleados y sin embargo reconocidos por ser líderes en innovación gracias al pedestal que los medios de comunicación crearon en torno a ellos.

Los procesos históricos no dependen de una sola persona, son impulsados por una compleja mezcla de tendencias. Herbert Spencer escribió ya en 1873 en torno a ese ‘hombre héroe’: “Todos esos cambios de los cuales él es el más próximo iniciador tienen sus causas principales en las generaciones que le anteceden.”

Hoy la mayoría de los historiadores de la ciencia y la tecnología tampoco creen que la innovación principal esté impulsada por un inventor solitario que se basa sólo en su propia imaginación, en su pasión, y en su intelecto. Los estudiosos por supuesto reconocen que los grandes líderes existen, pero su visibilidad se basa en los recursos y las oportunidades disponibles para ellos, lo que significa que no hacen la historia tanto como que ellos son moldeados por los momentos en los que viven.

¿Por qué el gobierno debería preocuparse por la implementación y la ampliación del sistema de transporte masivo de California cuando Musk dice que podríamos comprimir la gente de todo el estado a 760 millas por hora en una Hyperloop? Tratar de colonizar Marte, a un costo de miles de millones de dólares, ¿es en realidad la dirección correcta para el futuro de la exploración espacial y la investigación científica?

Creo que debemos ser capaces de determinar las prioridades en tecnología a largo plazo, sin dar crédito excesivo a las visiones particulares de algunas celebridades en este campo.

Aunque existen muchos líderes que nunca terminaron sus estudios universitarios, tampoco debemos olvidar la profunda influencia de centros como el Skolkovo ruso, el ITA brasileño, los IITs de la India y por supuesto el MIT y el Caltech.

El éxito de Musk no habría sido posible sin la financiación gubernamental para investigación básica, así como los subsidios para los carros eléctricos y los paneles solares. Pero sobretodo, el hecho que se haya beneficiado de una larga serie de innovaciones en baterías, células solares, y viajes espaciales. Algo que los ecuatorianos fallan en reconocer con su Yachay Tech.

Sin embargo de esto, en la prensa y entre los inversionistas de riesgo, el modelo de héroe en Musk, persiste; con titulares que lo elevan, por ejemplo, “su plan para cambiar la manera que el mundo usa la energía” y sus propias declaraciones de que él va “cambiar la historia”.

SpaceX es una de las empresas de Musk. Pero hay que dejar claro que no está impulsando el futuro de la exploración espacial. Sí se está aprovechando una amplia fuente de tecnología y de personal altamente capacitado que ya existía, y lo está haciendo en un momento en el que el apoyo nacional para la NASA ha disminuido y el gobierno norteamericano está privatizando aspectos clave en los viajes espaciales.

Si ya ha escuchado de Tesla, esta industria se basa en las baterías de iones de litio iniciada a finales de 1980 con fondos primordialmente del Departamento de Energía y la Fundación Nacional para Ciencia. Tesla se ha beneficiado significativamente de préstamos garantizados y de subsidios estatales y federales. En el 2010, la compañía llegó a un acuerdo de préstamo con el Departamento de Energía por $ 465 millones.

Además, Tesla ha recibido 1.290 millones dólares en incentivos fiscales del estado de Nevada, donde se está construyendo una fábrica gigante para la producción de baterías para automóviles y para el consumidor. Se ha ganado una serie de otros préstamos y créditos fiscales, además de descuentos para sus clientes, por un total de otros mil millones, de acuerdo a una reciente nota en Los Angeles Times.

Sorprende entonces que Musk insista en una historia de éxito que no reconozca la importancia del apoyo del sector público. (Él calificó la serie en Los Angeles Times referenciada más abajo como “tergiversada y engañosa”, mientras que a la CNBC le dijo que “ninguno de los subsidios del gobierno eran necesarios“, aunque sí admitió que eran “útiles”.)

En lugar elevar en un pedestal a emprendedores como Elon Musk, debemos poner sus éxitos en su contexto. Reconocer el papel del gobierno no sólo como un partícipe de la ciencia básica, sino como un socio para nuevas empresas. De lo contrario, es muy fácil denigrar a la inversión de parte del sector público, erosionando así el apoyo para los organismos gubernamentales y los programas de formación, y; en última instancia poner en riesgo toda innovación futura.