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Por mi trabajo estoy en constante comunicación con padres de familia. He notado que mamá y papá han perdido mucha autoridad en el hogar por causa de las nuevas tecnologías. Esto afecta por supuesto la relación familiar, y más en específico, a los hijos. Sin embargo, conforme hay cada vez más tecnología en el hogar los padres sufren de formas insospechadas.

Muchos padres de familia tienen la idea errónea de que sus hijos son unos genios para las computadoras. Esto genera una especie de admiración de los padres hacia sus hijos, lo que está invirtiendo los papeles tradicionales. Incluso puedo llegar a afirmar que muchos padres temen entrometerse en cuestiones tecnológicas por no quedar mal ante los más pequeños de la familia.

Sin embargo, en realidad la mayoría de los hijos no son unos genios tecnológicos. He visto casos donde la mamá presume que su hijo sabe mucho de computación, cuando lo más que hace el muchacho es abrir Facebook y Twitter. De hecho me he topado con estudiantes que no tienen el conocimiento para mandar un simple correo electrónico. No creo en los nativos digitales.

Por supuesto que no está mal que los padres admiren a sus hijos por sus habilidades tecnológicas. El problema está en hacerles creer a los hijos que saben más de lo que en realidad dominan. Cuando alguna madre me pregunta que hacer para que su hijo no se duerma tan tarde por estar en la computadora le digo que apague el internet. Suena sencillo pero la mayoría teme estropear algo y no lo hace.

Cuando la tecnología no avanzaba tan rápido la fuente de sabiduría eran los padres. Ahora estos se han encontrado con algo llamado internet que ha suplantado prácticamente toda su autoridad. No es problema del avance tecnológico. No es problema de los jóvenes, ellos viven el mundo que les tocó vivir. La solución está en los padres, que deben meterle mano a la tecnología o se quedarán obsoletos por el resto de su vida.

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