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El crecimiento económico de Silicon Valley se encuentra en pleno auge pero el 2014 ha sido un año difícil para las políticas en tecnología. La industria ha salido con las manos vacías en cuatro cuestiones fundamentales para su bienestar: la neutralidad de la red, la reforma en temas de patentes, una reforma del NSA y la reforma migratoria.

El presidente Barack Obama hizo lo que pudo el pasado Jueves dentro de los límites de su autoridad ejecutiva para ayudar al Valle en materia de inmigración. Ha hecho más fácil para estudiantes extranjeros y emprendedores establecerse en el Valle y solventó en alguna medida las penurias que las familias que incluyen a ciudadanos estadounidenses o los niños traídos a Norteamérica aquí por causas ajenas a su voluntad.

Pero no pudo legalmente trabajar sobre la reforma que las compañías de tecnología estadounidense más desean: el aumento del límite de visas H-1B para que los trabajadores de tecnología más cualificados en el extranjero puedan trabajar aquí. Para ello es imperativo que el Congreso actúe. El límite de las H-B1 se sitúa en 65.000, con 20,000 adicionales para las personas con grados avanzados alguna universidad estadounidense.

Si el que fuera el partido de los empresarios quiere ganar apoyo en Bay Area. El Partido Republicano debe aceptar el reto de Obama – después de seis años de inactividad, y aprobar una reforma migratoria integral que incluya expandir de forma dramática el número de visas H-1B, tal y conforme lo reclaman New England y Massachusetts.

Todos conocen que hay un fuerte apoyo bipartidista a esta propuesta puesto que fortalecería la economía de Estados Unidos, cuya recuperación ha sido liderada por la tecnología. Ahora mismo, el 40 por ciento de los emprendedores en tecnología con base en este país son del extranjero.

El 2013 el Senado Norteamericano, por voto bipartidista de 68-32, aprobó una ley de reforma migratoria apoyada por las compañías de tecnología. Entre otras cosas, habría aumentado drásticamente el número de visas H-1B. Sin embargo el Presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, fue incapaz – o simplemente no quiso – de obtener suficientes votos del Tea Party para sacar el proyecto.

Los grupos laborales no están de acuerdo con la noción de una escasez de talento, y están también descontentos con la acción del presidente. Ellos argumentan que las visas H-1B les permiten a las compañías contratar mano de obra barata que socavan los intereses de los trabajadores estadounidenses. Los grandes beneficiarios de ese tipo de visas, los sindicatos apuntan, son las companías que se llevan los puestos de trabajo fuera del país.

Los norteamericanos de derecha se oponen rotundamente a una amnistía para que los residentes por años en el país puedan obtener estatus legal. La oposición incluye al Dream Act, que ayuda a que los jóvenes traídos cuando eran niños permanezcan en el país si cumplen criterios tales como ir a la universidad. La comunidad tecnológica de Bay Area apoya el Dream Act, y en parte la acción de Obama amplía las aspiraciones de los Soñadores. Pero la acción ejecutiva por sí sola es insuficiente.

No solo el Silicon Valley necesita de tal reforma. New England tiene la mayor demanda por visas H-1B en relación al número de empleos en el Estado de acuerdo con un reporte del mes de octubre del Banco de la Reserva Federal de Boston.

Muchos se congratulan de que Obama haya tomado medidas para permitir que los cónyuges de los titulares de las visa H-1B puedan también obtener permisos de trabajo. De esa manera se está haciendo más fácil atraer a parejas profesionales a vivir aquí. El segundo de la pareja actualmente no goza de ese beneficio.

Obama dejó muy en claro a Boehner y al entrante líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, de que si no les gustaba lo que él está haciendo, ellos podían aprobar una reforma migratoria integral. Que sería mucho mejor para los Estados Unidos que otra ronda de demandas o cierre de gobierno federal que al final no benefician a nadie.