Antes del anuncio de Apple mi hijo y yo discutimos de la necesidad de actualizar nuestros celulares. El está familiarizado con un iPhone 4s y el suscrito con un iPhone 5.



La respuesta de un adolescente como es mi hijo sin embargo me sorprendió. Ya no quiero un iPhone. Me gusta más Android, me dijo. El ya utilizó un Samsung S III.

Y seguramente muchos de los que nos leen estarán en esta disyuntiva. No solo por que no están seguros de la innovación del iPhone 6, pero su precio.

Con el anuncio de esta semana de un nuevo smart phone que reclama ser el mejor su clase, junto a un smart watch con un sinnúmero de funcionalidades, el consumidor se pregunta: ¿Acaso otros smart phones no hacen ya muchas de las cosas que el iPhone 6 y el smart watch de Apple ofrecen?

iphone 6 landscape

De innovador a seguidor

Han transcurrido años desde que críticas nuevas tecnologías llegaron a Silicon Valley. Desde la fractura hidraúlica, la reducción del uso del carbón y el avance para los controles del calentamiento global.

Desafortunadamente la disrupción no está en la lavandería. Los problemas crecientes están en el hambre, las enfermedades, los cambios climáticos, falta de vivienda, desempleo crónico, etc.

Por qué las gigantes de la tecnología, entre ellas por supuesto Apple, vienen a ofrecernos productos triviales que son solución a ningún problema!

Apple ya ha sido observada de estar perdiendo su liderazgo en innovación. Su nuevo iPhone 6 (plus) parece comprobarlo. Más bién parece que ellos van en persecución de Android y Windows Phone que ya tienen celulares de gran tamaño y con tecnología NFC.

¿A quién no le gustaría un iPhone que se cargue de forma inductiva?

El mismo Steve Jobs se burló de la idea de producir teléfonos celulares del tamaño del que Apple desde mañana ofrece. “Nadie va a comprar uno así”, lo dijo a su tiempo.

No estoy criticando solamente a Apple. Tengo similares dudas con los problemas que soluciona Google Glass. Y creo que la producción del Fire de Amazon, es un desastre completo.

Para algunos el hardware de Apple se encuentra años lejos de la tecnología de punta utilizada por Google.

iPhone 6, iWatch y un poco de historia

En la historia de la humanidad solo dos momentos han sido realmente excitantes en torno a la producción de un teléfono: El primero en 1876 con la invención de Alexander Graham Bell; y el segundo cuando se descubrió que un smart phone también servía para ver pornografía.

Mencionen el adjetivo que quieran. Pero lo que digo es cierto y es correcto.

Con una productividad en el peor cuatrienio a partir de 1982 y con ingresos por debajo de la pre-recesión Norteamericana, con tan solo un 15 por ciento por encima de la que hubo en 1990. No importa cuánto le guste el iPhone.

Ni siquiera si usted o yo compremos el iPhone 6, a pesar de la innegable calidad en la estabilización de imagen que hace que su fotos no salgan borrosas, o el landscape mode, para no tener que comprar un iPad.

La innovación de Apple no va más allá de lo usted consigue con un Fitbit por solo USD 99. Y el iWatch se puede vender. Pero se nos olvidemos que ya casi nadie utiliza relojes muñequera, para eso están los teléfonos.

Si está pensando seriamente en mantenerse con Apple, primero vea lo que la competencia tiene que ofrecerle en términos de teléfonos inteligentes.

Los reportes de Green America y China Labor Watch

No voy a extenderme. Aquí en los EE.UU existe una fuerte postura en contra de las corporaciones que evaden impuestos para beneficio de sus conciudadanos. Apple es una de ellas.

Y agrupaciones como Green America and China Labor Watch, ambas han denunciado la utilización de benceno y n-hexane en las fábricas donde se ensamblan los iPhone.
En China los trabajadores que hacen que usted presuma de un iPhone son obligados a trabajar tiempo extra pero no se les paga como tal.

En Brazil no es muy diferente. En China sin embargo, con ausencia de ventilación y sin escapes de fuego los trabajadores están sometidos a polvo de aleación de aluminio-magnesio.

Estrategias de mercadeo y social media

Perdonen si estoy equivocado pero muchos de nosotros compramos un iPhone solo para intentar subir de estatus o porque queremos estar a la moda.

Se siente único al tener un teléfono que varios millones son propietarios y que a pesar de eso lo utilizan de muy diferente manera. No es el caso que usted tenga una smart phone solo para tres cosas: Para usarlo en Twitter, subir fotos en Facebook y enviar mensajes de texto.

¿Acaso el iPhone mejorará su estilo de vida?

A pesar que pueda adquirirlo y le ofrezcan de manera gratuita el iPhone 6 a cambio de la versión anterior del iPhone, recuerde que con menos de ese dinero viven millones de personas en 152 países durante un año.

Y los medios contribuyen a que gastemos innecesariamente. Existen muchas cosas sobre las que reportar pero se escoge un teléfono para hacer noticia. He aquí la paradoja del Premio Nobel de Economía Robert Solow en torno a las redes sociales y su impacto en el uso de las computadoras en los 80’s:

Usted puede ver su impacto en todos los lugares, menos en las estadísticas de productividad, el crecimiento económico y un crecimiento en los estándares de vida y mayor productividad que eso acarrea.

Así que me tienen que disculpar pero no estoy dispuesto a pagar casi mil dólares por un smart phone. Y no estoy emocionado para nada con la novedad.

Si Apple u otras gigantes de la tecnología me ofrecen productos que me permitan ser más productivo, me ahorran tiempo y dinero como el Internet y el correo electrónico lo ha conseguido. Entonces estaré seriamente impresionado.

Corrección: El presente artículo establece erróneamente la invención del teléfono a Graham Bell. La resolución 289 del Congreso de los Estados Unidos también acredita dicho procedimiento a Antonio Meucci. Dicha resolución sin embargo ha sido criticada por sus errores de hecho, imprecisiones, sesgos y distorsiones. A la controversia se une la también reclamada invención por Elisha Gray. [09/15/2014; 8:20 pm ET]

Geeksroom aprecia y agradece sus comentarios y sugerencias u omisiones que justifican enmienda. La presente colaboración llegó a ustedes gracias al diligente lector Pablo Marín en Cádiz, Madrid.